El tesoro no está bajo tierra

El 10 de agosto se celebra el Día del Minero, por recuerdo a una acción muy valiente de San Lorenzo, patrono de los mineros.   

Allá por el año 257 de nuestra era, los gobernantes pensaban que los cristianos tenían muchos tesoros, porque decían que usaban copas de oro para celebrar las Misas.  El Alcalde de Roma, deseando apoderarse de tantas riquezas, le exigió a Lorenzo juntar todos los tesoros de la Iglesia y entregárselos. 

Muy obediente, el diácono mandó a esconder los cálices bajo tierra y fue a buscar a todos los pobres y necesitados de Roma y los hizo poner en fila frente al Alcalde, diciéndole “estos son los tesoros de la Iglesia”.  

Al Alcalde no le hizo gracia la acción de san Lorenzo y lo mandó a matar, pero su acción nos recuerda que tanto ayer como hoy, el verdadero tesoro mineral del mundo no es el metal que está bajo la tierra sino el que se encuentra al servicio de la Humanidad.

Hoy más que nunca, el oro más valioso no es el que se almacena en lingotes, ni el que se queda sin extraer bajo tierra.  El oro más valioso es el que se utiliza en nuestros aparatos electrónicos que nos sirven para el diario vivir. 

Pobres y ricos de nuestros días tienen en sus manos metales más útiles que los que podría haber soñado el Alcalde de Roma hace mil ochocientos años, porque no son copas que daría lo mismo si fueran de barro que de oro, sino objetos que acercan a las personas unas con otras, salvando distancias inmensas y permitiendo comunicarse entre sí de una manera que ningún emperador del pasado pudo imaginarse. 

El 10 de agosto es un día para recordar que la riqueza de este mundo seguimos siendo las personas. Personas que hacemos uso diariamente de minerales que nos hacen posible la vida.  Desde el cemento de nuestras paredes hasta los rellenos de nuestros dientes, el tesoro mineral de la humanidad no está bajo la tierra, sino en nuestras manos.